Tripofobia y Trastorno de Ansiedad General

El Trastorno de Ansiedad Generalizada o TAG marca una ansiedad crónica que puede durar días, semanas e incluso meses. Tales pacientes sienten preocupación constante, incertidumbre sobre el futuro, miedo a la enfermedad, tensión general y la tendencia a apresurarse al mínimo de estimulación, incomodidad y nerviosismo al trabajar con personas.

El síntoma principal es la ansiedad, que se produce en muchos otros trastornos psiquiátricos como el trastorno bipolar, el trastorno psicótico, el trastorno de personalidad y los trastornos psicológicos causados por el daño cerebral.

Estos grandes grupos de trastornos son uno de los trastornos psicológicos más comunes y su frecuencia puede variar desde el 0,05% para el trastorno obsesivo-compulsivo hasta el 5% para el trastorno de ansiedad generalizada. Una de las diferencias más importantes entre ellos es la frecuencia de la ansiedad. En el TAG, la ansiedad casi siempre está presente, mientras que en algún otro trastorno ocurre ocasionalmente.

¿Qué causa el TAG?

La aparición de los síntomas del TAG a menudo se asocia con eventos estresantes que debilitan los mecanismos psicológicos de adaptación. Se cree que hay factores que crean una tendencia, es decir, predisposición a la aparición de un trastorno de ansiedad generalizada. En la última década, la importancia de la predisposición genética para el desarrollo del trastorno de ansiedad generalizada es cada vez más importante.

Otros factores predisponentes son las experiencias traumáticas durante el parto, especialmente en la primera infancia y, por supuesto, los rasgos de personalidad. Se cree que las personas son propensas a la ansiedad y las preocupaciones antes de desarrollar TAG.

Además de estos factores, la aparición de los síntomas del TAG a menudo se asocia con eventos estresantes que debilitan los mecanismos psicológicos de adaptación y aumentan el riesgo de diversos trastornos psicológicos, incluyendo el TAG. Los pacientes desarrollan problemas en las relaciones interpersonales, en el lugar de trabajo y en la vida familiar, pero también enfermedades físicas, especialmente las que son difíciles.

Los factores de estrés continuo también son factores para mantener este trastorno, lo que dificulta su tratamiento y recuperación. Hay tres factores principales que contribuyen al desarrollo del TAG:

  • Genética: Los antecedentes familiares juegan un papel importante en el aumento de la probabilidad de que una persona desarrolle TAG. Esto significa que la tendencia a desarrollar TAG puede transmitirse en las familias.
  • Funcionamiento del cerebro: El TAG se ha asociado con funciones cerebrales anormales de ciertas células nerviosas y vías neuronales involucradas en el pensamiento y la emoción. Estas conexiones de células nerviosas funcionan con químicos llamados neurotransmisores que transmiten información de una célula nerviosa a la siguiente. Si las vías que conectan regiones cerebrales particulares no funcionan de manera eficiente, se pueden presentar problemas relacionados con el estado de ánimo o la ansiedad.
  • Medio ambiente: El trauma de la vida y los eventos estresantes, como el abuso, la muerte de un familiar o amigo, el divorcio, el cambio de trabajo o de escuela, pueden contribuir al TAG. Los síntomas del TAG empeoran durante los períodos de estrés.

Síntomas de TAG

El síntoma principal del TAG es la ansiedad crónica que puede durar mucho tiempo, a veces incluso años. Los pacientes experimentan síntomas físicos como dolor de cabeza, mareos, dolor muscular, aumento de la frecuencia cardíaca, dificultad para respirar, dificultad para tragar, insomnio y muchas otras disfunciones.

Si el trastorno dura más tiempo, también se pueden presentar depresión y síntomas obsesivos. En cuanto a los síntomas cognitivos, varían desde los leves hasta los severos. Los síntomas cognitivos más comunes son:

Preocupación o ansiedad persistente por problemas ordinarios de la vida. 
Pensar e imaginar constantemente los posibles peores resultados en el peor de los casos.
Considerar las situaciones y los acontecimientos como una amenaza, incluso cuando en realidad son inofensivos.
Indecisión y miedo constante a tomar una decisión equivocada
Dificultades para hacer frente a la incertidumbre.
Incapacidad para relajarse y percibir la realidad tal como es
Dificultad para concentrarse, o la sensación de que su mente “se queda en blanco”.

¿Cómo se diagnostica el TAG?

El médico comienza la evaluación haciendo preguntas sobre la historia clínica y psiquiátrica del paciente y puede realizar un examen físico. Aunque no hay pruebas de laboratorio para confirmar este diagnóstico, el médico puede usar varias pruebas para buscar la enfermedad física como la causa de los síntomas.

Los médicos hacen su diagnóstico sobre la base de dos factores principales, la intensidad y la duración de los síntomas. Los síntomas pueden interferir con la rutina de la vida diaria y afectar la calidad de vida del paciente, como la incapacidad para hacer frente a los retos diarios, como los compromisos laborales, las obligaciones familiares, etc.

Una vez que se ha establecido la aparición de los síntomas, el médico puede encontrar el tipo correcto de terapia que puede incluir medicación y terapia cognitiva, conductual y otros tipos de terapia. El TAG afecta a cerca de 6.8 millones de adultos estadounidenses, incluyendo el doble de mujeres que hombres. El trastorno se desarrolla gradualmente y puede comenzar en cualquier momento del ciclo de vida, pero generalmente se desarrolla entre la niñez y la mediana edad.

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Tratamiento

Una vez que el médico evalúa la salud psíquica del paciente, éste puede ser derivado a un psiquiatra o psicólogo para una evaluación adicional de los síntomas. Estos profesionales de la salud mental están capacitados para diagnosticar y descubrir el tipo de tratamiento adecuado para los diferentes tipos de trastornos de ansiedad, incluido el TAG.

El tratamiento del TAG generalmente implica el uso de medicamentos y terapias psicológicas. Los medicamentos son especialmente útiles para las personas cuyos síntomas están interfiriendo y afectando altamente el funcionamiento diario. La dosis puede variar, sin embargo, lo más importante es que se utilizan a corto plazo (ya que pueden desarrollar adicción e interferir con la memoria y la atención).

Estos medicamentos se conocen como benzodiacepinas, sedantes-hipnóticos o “tranquilizantes menores” porque pueden eliminar sentimientos intensos de ansiedad aguda. (Xanax, Valium, Ativan, etc.) Actúan disminuyendo los síntomas físicos de la ansiedad, como la tensión muscular y la inquietud.

Además, los pacientes que sufren de trastornos de ansiedad a menudo participan en la terapia cognitivo-conductual, en la que aprenden a reconocer y cambiar patrones de pensamiento y conductas que conducen a sentimientos de ansiedad. También aprenden a utilizar técnicas de relajación como la respiración profunda y la relajación muscular y otras terapias apropiadas.

La tripofobia: ¿cómo se relaciona con el TAG?

Si queremos entender cómo el TAG está conectado con el desarrollo de la tripofobia, necesitamos entender la diferencia entre una fobia y la ansiedad. Aunque estos procesos psicológicos desarrollan respuestas similares a ciertos peligros y algunos síntomas pueden solaparse, la experiencia del paciente difiere según el contexto.

Estas diferencias pueden explicar cómo reaccionamos ante los diversos factores estresantes de nuestro entorno. Las fobias suelen tratarse como un tipo de trastorno de ansiedad relacionado con nuestra respuesta al peligro, que a veces puede ser intenso e irracional.

Los científicos creen que estos síntomas son el resultado de una respuesta innata al estrés de pelear o huir, necesaria para nuestra supervivencia. Nuestra mente recibe la señal de alerta de peligro y nuestros cuerpos se preparan para huir o enfrentarse al peligro.

La definición más simple es que una fobia es un miedo a una situación real, existente u objetos y puede ser muy específica, mientras que la ansiedad es la sensación de sentirse preocupado, irritable, incapaz de concentrarse, etc. A veces las fobias no sólo incluyen un sentimiento intenso de miedo, sino también miedo irracional o extremo o un objeto o situación particular.

La tripofobia o el miedo al cúmulo de agujeros, baches y patrones similares afecta a alrededor del 15% de la población general. Algunos investigadores sugieren que el origen de esta fobia en un instinto evolutivo arraigado se desarrolló como respuesta al peligro y a las formaciones cubiertas por agujeros en la naturaleza.

Entre los primeros investigadores en estudiar este temor se encontraban los psicólogos Arnold J. Wilkins y Geoff Cole de la Universidad de Essex. Para entender el alcance completo de su investigación, necesitamos profundizar en los síntomas de los tripófobos.

En una entrevista para International Business Times, los investigadores afirmaron que: “Los agujeros tienen sombras. El conjunto de agujeros con sombras proporciona una imagen con propiedades intrínsecamente incómodas debido a su disposición espacial de altos contrastes.

Se diferencian de la mayoría de las imágenes naturales (que el cerebro procesa de manera relativamente eficiente) en que tienen un contraste máximo a escalas espaciales a las que el sistema visual es más sensible. En otras palabras, son estímulos fisiológicamente fuertes.

A menudo (pero no siempre) hay un historial de un incidente, a menudo en la niñez, que comenzó la fobia. Por ejemplo, escuché una historia de alguien que fue picado por abejas y se volvió reacio a los panales de miel y otras formas similares”.

Los investigadores han enfatizado que los desencadenantes tripofóbicos son fuertes estímulos psicológicos que a veces, sólo al recordar las situaciones peligrosas, pueden causar el desarrollo de ansiedad y depresión con el tiempo. Los pacientes desarrollan síntomas con sólo pensar en los patrones de agujeros, aunque puedan parecer inofensivos y sin peligro para la vida.

En otra investigación desarrollada a partir de un informe de un caso de una niña de 12 años, Martínez-Aguayo y sus colegas explicaron que a la niña se le diagnosticó TAG por primera vez y fue tratada con sertralina. En su diagnóstico inicial, mostró “síntomas de miedo y repugnancia hacia las imágenes trifóbicas”.

Fuertes emociones de miedo y asco se superponen con los síntomas de ansiedad como mareos, náuseas, insomnio, aumento de la frecuencia cardíaca, etc. Resultaron de objetos inofensivos, como alimentos, paredes remodeladas y aceras incrustadas en ellos.

El caso fue explicado más adelante cuando la madre de la niña, que es divorciada, experimentó síntomas del trastorno de ansiedad generalizada. Sobre la base de la información proporcionada por los autores del artículo Fronteras, existen algunas variaciones en las respuestas emocionales de las personas con tripofobia. “Las investigaciones indican que algunas personas reaccionan con miedo y repugnancia extremos, mientras que otras reaccionan sólo con repugnancia”, explicó Petersen.

Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, los síntomas de la fobia comienzan como una respuesta a objetos y experiencias de la vida real que pueden solaparse con los síntomas de ansiedad con el tiempo y convertirse en irracionales e imaginarios en algunas situaciones.